Volúmenes
Maite Iracheta
Armar un número de bibliotecas precisa volúmenes de humildad. Evitaré el impulso de enumerar la cantidad de bibliotecas que he visitado (en mi mano la memoria al rozar los mosaicos de la al-Qarawiyyin), o imaginado (paseaba esta mañana por la de Gliff, de Ali Smith); de explicar que al cruzar sus umbrales (que es uno, en realidad, y siempre el mismo) se participa con la inquietud, la pregunta o el deseo en un coro perenne, o de explicar que la biblioteca es una sirena a cuyo llamado, sólido en el paisaje de lo que es posible, estamos destinados a ocupar, leyendo.
Las dimensiones de lo que es una biblioteca se multiplican. Dejaron de limitarse a ser espacios físicos al persistir en abrir espacios públicos. Sin moverse demasiado o en perpetua mudanza, Sor Juana Inés de la Cruz y Don Quijote llevaban a cuestas hogar y biblioteca. La lleva el humano del Siglo XXI en su artefacto tecnológico, si la busca. Dos hermanos daneses han propuesto el Human Library Project: una persona es un libro, puede pedirse prestado para poder leerse de cerca, hacerle preguntas, entenderlo entenderla entenderle al leerlo leerla y leerle. Existe, o In-existe (en Internet), el proyecto The Uncensored Library de Reporteros sin Fronteras (Reporters Without Borders), en cuya biblioteca virtual hecha por Minecraft, nada ni nadie es censurado. O la iniciativa de Little Free Libraries de Rick Brooks que en 2009, inspirado en las 2500 bibliotecas que Andrew Carnegie fundara en el XIX en territorio estadounidense, quiso igualar en número pero multiplicar en impacto: su tamaño portátil permite que se instalen fuera de las casas para invitar a todo vecino o caminante a que tome o done un libro. En el 2026 ya existen 200,000 de estas minis repartidas por 128 países del mundo.
Para quién ora y ara en las bibliotecas es consonante comprobar que concebir sus espacios sigue siendo sueño de arquitectos (y en la Staatsbibliothek de Berlín, parada de algunos ángeles). Obras monumentales en sí mismas, son templos y plazas públicas letradas. Quizá la improbable Biblioteca de Babel borgiana sea alcanzable un día, quizá cuando ese día, ese sistema, tenga otro nombre, porque el futuro permanecerá incansable. Quien se haya dado por vencido insistirá en compararla con el internet.
addanomadd presenta en su número 15 una colección variada de voces y dimensiones cuya combinación existe en este recinto, a manera de bibliotequita flanqueada por su propio par de Paciencia y Fortaleza. Entra, lectora, que entre lectores nos entendemos, o confundimos; de ahí, la belleza del rito.
Maite Iracheta cree en las bibliotecas de bolsillo y en que un día, por fin, se darán cuenta de que el Oculus de Manhattan estaba destinado a ser una catedral de libros.