addanomadd

Sucursal para peregrinos, Ana de Lis

Sucursal 

para peregrinos

 

de Ana de Lis

 

En medio del bosque y al borde del Camino de Santiago, junto al puente de Huergo, hay una biblioteca eremita, medio oculta por la maleza. Ocupa una antigua caseta tosca de ladrillos en la que algún día hubo una instalación hidráulica o eléctrica. Para entrar hay que agacharse, como quien hace una reverencia. En los estantes hay libros de lo más diverso, parcialmente devorados por los bichos, la humedad y el paso del tiempo. Manuales de psicología y de fotografía. Colecciones baratas de los clásicos universales. Novelas policíacas o de amor y lujo. Mucha morralla de la que se compraba en quioscos y en ferias del libro de pueblos y capitales de provincia. Como visitante frecuente, compruebo que hay rotación, pero algunos libros siempre están ahí. Los manuales de psicología y fotografía. Crónicas de conspiraciones y sectas con cubiertas de amarillo chillón. Siempre acabo volviendo a casa con hallazgos felices: algún ejemplar de la colección “Áncora y delfín” de autores españoles contemporáneos, o aunque sea esa obra de Kierkegaard, en formato de bolsillo de Penguin, que siempre quise leer (pero que nunca leeré). Me felicito por rescatarlos de la extinción total. Y procuro alimentar la biblioteca con libros que ya no me caben ni tiene ningún sentido que conserve, pero que simplemente no soy capaz de tirar al contenedor del Punto Limpio. Siento un gran alivio y nunca pierdo la fe de que haré feliz a otro lector. Estoy convencido de que es una sucursal de la biblioteca de Babel. En vano he buscado alguna trampilla o portezuela secreta que comunique con las demás galerías. Jamás he visto a nadie rondar, entrar o salir de la biblioteca de Huergo.

 

Ana de Lis con frecuencia tiene ideas peregrinas y sueña con laberintos, sobre todo cuando se queda dormida en su sillón favorito con un libro abierto en su regazo.